ÀC—mo ayudar en la conservaci—n de tortugas marinas?

Andrea Rebeca Lara Cera y Elsa Arellano Torres

 

Las tortugas marinas son reptiles que no siempre pertenecieron al ocŽano; se adaptaron a Žl para sobrevivir. Para anidar, las hembras suelen regresar a la playa donde nacieron, pero hay dificultades: por cada 100 huevos solo unos 30 completan su incubaci—n, y una cr’a de cada mil alcanza la vida adulta en el mar. Su conservaci—n depende de campamentos tortugueros y participaci—n ciudadana en los esquemas de protecci—n.

 

Encuentro con mam‡ tortuga

 

Recientemente viajamos con amigos a la playa y una noche salimos a caminar. A lo lejos vimos una mancha oscura levantando y sacudiendo arena, lo que despert— nuestra curiosidad y nos acercamos. Observamos cuatro extremidades en forma de remos y un caparaz—nÉ ÁClaro! Una tortuga marinaÉ Machos y hembras son parecidos en tama–o y apariencia, pero supimos que era hembra porque Áestaba cavando un nido! Bueno, en realidad, ten’a que ser una hembra, ya que solo ellas suben a la playa. Para esta mam‡ tortuga hab’a llegado la hora de dejar sus huevos, como ocurr’a seguramente en muchas otras playas tropicales y subtropicales del mundo. Era de color gris, pero tambiŽn pueden ser negras, verdes, amarillas o marrones.

 

Tuvimos la suerte de llegar a un segmento del extenso litoral mexicano –11,600 kil—metros– con caracter’sticas propicias para las actividades de anidaci—n de las tortugas marinas, comœnmente en verano y oto–o. Al observar con pasmo este evento de la naturaleza, nos preguntamos quŽ hacer; sab’amos que los huevos no pod’an quedarse en la playa debido a que enfrentan mœltiples amenazas, sobre todo la depredaci—n natural por parte de mapaches, hormigas, cangrejos, ratas y otros animales ferales, como perros y puercos. Y adem‡s, el ser humanoÉ Aunque existen leyes de veda, hay quienes extraen los huevos de tortuga para venderlos.

 

Uno de mis amigos sugiri— llamar al nœmero de emergencia, y una operadora nos solicit— los datos del lugar para transmitirlos a personal capacitado. Mientras esper‡bamos, nos quedamos mirando c—mo la tortuga mov’a la arena de un lado a otro para dejar sus huevos, que eran como pelotas de ping pong con c‡scara suave. Al poco rato lleg— un integrante de una asociaci—n para la protecci—n de las tortugas marinas y se dispuso a atender la situaci—n. Extrajo 90 huevos de la arena, antes de que la madre terminara de tapar su nido. Una tortuga puede ovipositar de 100 a 120 huevos (o m‡s, segœn la especie), que se colectan para ser reubicados en un sitio seguro, un corral de incubaci—n. Luego de 45 a 70 d’as, al terminar su periodo de incubaci—n, las cr’as emergen y son liberadas al mar. Se estima que por cada 100 huevos que pone una tortuga, alrededor de 30 completan la incubaci—n (dependiendo de la playa, el manejo in situ y en el corral). Lo m‡s impresionante es que solo una cr’a de cada mil alcanza la edad adulta.

 

Finalmente, la tortuga mam‡ emprendi— su camino de regreso al mar. Historias populares se–alan que las madres lloran despuŽs de dejar a sus hijos (los huevos enterrados). La realidad es que liberan sal a travŽs de sus l‡grimas. Nosotros no alcanzamos a apreciar ese detalle, pero s’ miramos a nuestra tortuga alejarse con dificultad. Como pasan casi todo el tiempo nadando, caminar en tierra es complicado y su vista fuera del agua generalmente no es muy buena. Obviamente en el mar se desenvuelven a la perfecci—n, por lo que es incre’ble pensar que no siempre pertenecieron a Žl. Sus h‡bitats eran terrestres hace m‡s de 200 millones de a–os, pero se adaptaron al ocŽano para sobrevivir. Son reptiles, de modo que necesitan aire y salen a respirar a la superficie cada cierto tiempo.

 

La persona de la asociaci—n tortuguera nos asegur— que aquella hembra regresar’a a la misma playa tal vez muy pronto, pues en cada temporada suelen hacer varios nidos, o bien, hasta quiz‡ un par de a–os despuŽs. Poseen una caracter’stica llamada filopatr’a, es decir, una tendencia a regresar al lugar de su nacimiento para depositar sus huevos. Por cierto, si estos se hubieran quedado en la arena sin haber sido colectados, las cr’as habr’an salido del cascar—n m‡s o menos al mismo tiempo, ya que la œnica posibilidad para que algunas sobrevivan es emprender todas juntas su camino al mar, masivamente.

 

ÀQuŽ hacer si presenciamos un evento de desove?

 

Las tortugas marinas son organismos protegidos a nivel internacional por encontrarse en categor’as de amenaza o peligro de extinci—n, en gran parte a causa de actividades humanas (explotaci—n por la carne, huevos y piel). En MŽxico, se encuentran en veda mediante una ley decretada desde 1990. Est‡ prohibida su caza y pesca, extracci—n de huevos, as’ como molestarlas, perseguirlas o acosarlas. Aun as’, cada a–o mueren miles de ellas atrapadas en redes de pesca de manera incidental y por enfermedades como la fibropapilomatosis. La presencia humana en las costas va reduciendo aceleradamente los espacios naturales de anidaci—n y provoca importantes problemas de contaminaci—n (lum’nica, auditiva, ambiental), lo que aunado al cambio clim‡tico las mantiene en vulnerabilidad constante.

 

Ante este panorama, la protecci—n de los huevos es indispensable para garantizar la permanencia de las tortugas marinas. Existen numerosos art’culos, manuales, leyes y normas que orientan sobre quŽ hacer durante eventos de desove y liberaci—n de cr’as. La Comisi—n Nacional de çreas Naturales Protegidas, a travŽs de sus Programas de Acci—n para la Conservaci—n de Especies (PACE), contempla acciones de conservaci—n de tortugas marinas, en tanto que proporcionan informaci—n de las especies, acciones posibles de protecci—n y lineamientos de manejo.

 

Una cuesti—n elemental es no molestarlas ni inquietarlas durante su anidaci—n con ruidos fuertes y luces brillantes. No debemos perturbar su campo de visi—n, y podemos ayudar a despejar el camino; tanto la madre como las cr’as se desplazan m‡s f‡cil si no hay basura u otros obst‡culos. Para colectar los huevos, debemos llamar al personal de campamentos tortugueros a cargo de alguna asociaci—n ligada a la protecci—n estos animales; si no conocemos ninguna en el ‡rea, hay que buscar inmediatamente a las autoridades locales.

 

El trabajo de los campamentos tortugueros es fundamental; se trata de instalaciones fijas o temporales que se localizan en destacadas playas de anidaci—n. Son creados por la iniciativa privada, organizaciones sociales, instancias gubernamentales y de investigaci—n, poblaci—n local y voluntariado, y se rigen por la Norma Oficial Mexicana NOM-162-SEMARNAT-2012. Entre sus actividades destacan: liberar tortugas al mar, patrullar en playas de anidaci—n, reubicar nidos y realizar acciones de soporte a la investigaci—n y la educaci—n ambiental.

 

Funciones ecol—gicas de las tortugas marinas

 

Para indagar acerca del conocimiento y experiencia que se tiene en cuanto a desove y liberaci—n de tortugas marinas, realizamos una encuesta a 100 estudiantes de licenciatura de la Ciudad de MŽxico (Ciencias de la Tierra, Biolog’a, Qu’mica, F’sica y otras carreras). La mayor’a desconoc’a quŽ es un campamento tortuguero (60%) y pocos hab’an visitado uno (10%). Existe desinformaci—n en el tema, por lo que se torna indispensable fomentar conocimiento y conciencia para preservar nuestros recursos.

 

Las tortugas marinas tienen un valor econ—mico indirecto mucho m‡s alto que el valor de sus huevos y caparazones, como el ser atractivo tur’stico; por ejemplo, en algunos lugares la gente paga por verlas anidar o alimentarse en zonas de forrajeo en el mar, o para colaborar en su protecci—n. Lo m‡s importante es que ayudan a mantener la salud de ecosistemas –como los arrecifes coralinos– al alimentarse de medusas, esponjas y otros organismos que de proliferar, podr’an causar estragos en los arrecifes. Adem‡s, al consumir pastos marinos evitan que estos se acumulen, obstruyan corrientes y generen demasiado fango que altera el h‡bitat.

TambiŽn transportan nutrientes hacia las playas y remueven toneladas de arena al anidar, lo cual es importante para las costas.

 

Son seis las especies que se distribuyen en MŽxico: blanca o verde (Chelonia mydas), laœd (Dermochelys coriacea), caguama (Caretta caretta), de carey (Eretmochelys imbricata), lora (Lepidochelys kempi) y golfina (Lepidochelys olivacea). Todas son omn’voras de peque–as, y ya de adultas se vuelven m‡s espec’ficas en su dieta: unas disfrutan crust‡ceos y moluscos, pepinos de mar o medusas, mientras que otras son herb’voras.

 

En general, se trata de animales grandes. La tortuga lora es la m‡s peque–a, de unos 60 cent’metros, pero la tortuga laœd puede medir dos metros de longitud y superar los 600 kilos. Viven m‡s de 50 a–os en condiciones adecuadas, con alimento suficiente, h‡bitats sanos, todo lo cual se altera por actividades humanas. Nuestro aporte inmediato podr’a radicar en brindar apoyo a los centros tortugueros o en reaccionar adecuadamente al toparnos ante eventos de desove. Sencillas acciones para conservar la vida.

 

Andrea Rebeca Lara Cera es estudiante de Licenciatura en Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias, UNAM (andrearlara@ciencias.unam.mx). Elsa Arellano Torres es profesora de la misma facultad (elsa_arellano@ciencias.unam.mx).

 

 

Ecofronteras, 2018, vol. 22, nœm. 63, pp. 31-33, ISSN 2007-4549. Licencia CC (no comercial, no obras derivadas); notificar reproducciones a llopez@ecosur.mx