Salvemos la tierra para salvarnos a nosotros

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Alberto Santiago Vázquez

Resumen

Alberto Santiago Vázquez, “el Caspirol de la montaña” es de Ejido Rosario Ixtal, Cacahoatan, Chiapas y forma parte del Tianguis de productos naturales y orgánicos “El Huacalero”.


La Tierra donde habitamos es un organismo vivo gigantesco. Nos ha dado la vida y recursos en abundancia. Hoy está muy enferma. Los seres humanos la hemos llevado a ese estado.

Todo lo que tiene vida tiene un principio y tiene un fin. La Tierra no puede ser la excepción.

Lo que nuestros antepasados amaron, respetaron y conservaron a través de los siglos, el animal-humano, el mamífero racional, lo está destruyendo cruel y despiadadamente de muchas formas, sobre todo en los últimos 50 años: guerras, explosiones nucleares, contaminación de ríos y mares, basura por doquier, desforestación, erosión, destrucción de especies animales y vegetales, abuso indiscriminado de energéticos no renovables, productos químicos tóxicos. Crímenes de lesa humanidad.

Aquí están las causas del sobrecalentamiento del planeta. Esta es la consecuencia de nuestro desorden interno, del hombre moderno que se dice civilizado, aunque de esto poco tiene y sí mucho de barbarie con la que comete excesos.

Ahora bien, para los que vivimos en tierras chiapanecas y para nuestros hermanos de otros estados, nos toca, como es natural, vivir la temporada de lluvias, vientos y huracanes. Pero ahora los ríos crecen y se desbordan produciendo inundaciones nunca antes vistas; hay deslaves, caminos y carreteras dañados, gentes perdiendo su patrimonio familiar y en algunos casos, vidas humanas.

Ante esta situación, vemos bien la actitud del gobierno que pone en acción medidas de emergencia y protección civil, por ejemplo, creando albergues. La solidaridad nacional y mundial también es importante, igual que nosotros apoyamos en otros lugares del mundo cuando el desastre se presenta. Todo es correcto, loable, humanitario. Sin embargo, se observa con preocupación que cada vez somos más débiles ante los embates de la naturaleza porque el desorden ambiental no se corrige. No se está atendiendo seriamente y a fondo el problema.

Lo más importante, entonces, es revisar de qué manera reflexiva se consideran las causas y actuar en consecuencia. Por ejemplo: ¿Estoy racionando el uso del vehículo por la contaminación que produce? ¿He dejado de tirar basura en las calles, con mucha mayor razón por las lluvias que la arrastran a ríos, lagunas y mares? ¿Controlo el uso de plásticos y manejo adecuadamente los deshechos? ¿Estoy consumiendo más alimentos naturales, frutas y verduras? ¿He sembrado

árboles en el campo, en el traspatio o en el jardín de mi casa? ¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy confiando en que otros lo hagan por mí? ¡O solo espero que el destino trágico me alcance y pierda todo, incluyendo mi amada casa, el planeta Tierra!

Subrayo con énfasis: cuando se atiendan las causas, las consecuencias se corregirán, pero si no, únicamente estamos acelerando la destrucción de nuestro hábitat natural.

Recapacitemos: Todo el desorden está dentro de nosotros mismos. Cambiemos nuestros hábitos y conductas porque solo así ayudaremos a la Tierra. Salvémosla para salvarnos nosotros

Cobremos conciencia. Hagamos algo al respecto, ya no la perjudiquemos. Ya no nos dañemos más.

Alberto Santiago Vázquez, “el Caspirol de la montaña”
Ejido Rosario Ixtal, Cacahoatan, Chiapas.
Tianguis de productos naturales y orgánicos “El Huacalero”
Palabras clave: Huacalero, conservación, medio ambiente

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